De vuelta a creer en la magia y en el Amor
Primera parte
Cinco meses sin pasar por aquí dan para mucho texto. Empezaré por el principio como no podía ser de otra manera y me dejaré llevar por los dedos deslizándose por el teclado intentando plasmar los pensamientos y recuerdos que pasan por mi mente. Mi suerte es que en el principio de mi aventura me acompañaba una libreta donde pude anotar cosas aleatorias mientras la vida pasaba por mi día a día...
Me puse a mochila y empecé a caminar, tenía tanta ilusión que apenas podía notar el sobrepeso que llevaba en la espalda. Como todos se esforzaban en hacerme saber mas de quince kilos y entrando en verano me llevaban a un sufrimiento seguro. Estas loco, fue de las cosas mas bonitas que me llegaron a decir. Empezar el camino a Santiago desde San Mateo en Castellón, un tres de junio y llegar a Roncesvalles recorriendo quinientos veinticinco kilómetros en veinticinco días. Con la intención de proseguir hasta Finisterre y recorrer mas de mil trescientos kilómetros. Que al final se convirtieron en mil cuatrocientos treinta. Pues si, suena a locura, pero, ¿Sabes esas cosas que se te mente en la mente y no puedes hacer otra cosas que llevarla a cabo? sin entender muy bien porque, pero necesitas hacerlo. Eso fue lo que ocurrió y así empecé esa aventura loca que me llevo a cambiar la vida de una manera mágica.
Como te decía antes, apenas notaba el sobrepeso de la mochila en mi espalda. Algo dentro de mi me daba una fuerza extra. El primer llamado a semejante locura me vino una mañana al despertar. Contemplando la salida de sol desde los acantantilados de Maro en Málaga, con mi café en la mano y sin entender muy bien porque le dije a Francisco: Tengo ganas de andar, pero de andar andar, un largo recorrido. Me estoy planteando hacer el camino de Santiago, pero entero. Creo que se lo debo, en mis dos caminos anteriores y por circunstancias de trabajo solo pude recorrer la parte final desde Leon y nunca llegue a Finisterre.
En aquel momento se quedo en eso, algo que paso por mi cabeza y quedo en el lugar de las cosas que me gustarían hacer en un futuro, como tantas otras que a veces son solo eso, ideas locas que nunca llegan a ser realidad. Pero en este caso, la cosa se quedo así. El llamado volvió una y otra vez hasta que no pude silenciar esa voz que me llamaba. Me da la sensación que el universo me gritaba para que no dejara pasar ese camino que tenia que recorrer ya que la vida me tenia guardadas muchas sorpresas y cuando algo esta listo para ti no te puedes quitar de en medio de ninguna de las maneras.
Me enrollo más que una persiana. Empecé a andar bien entrada la mañana bajando desde la Ermita de la madre de los ángeles dirección San Mateu que seria el primer pueblo que atravesaría. Sin saber muy bien la dirección a tomar o que me encontraría por el camino. Hacia tanto tiempo que no sentía esa sensación de libertad que estaba tan excitado como un niño la noche de reyes. Desde muy pronto pude empezar a seguir las típicas flechas amarillas que indican el camino para llegar a Santiago de Compostela. Me disponía a recorrer el camino de Castellón, bien señalizado pero sin ningún tipo de servicio, por ese motivo cargaba con mi tienda de campaña, saco de dormir y todo lo necesario para pasar noche en cualquier lugar que me pareciese. Al llegar al pueblo paré en la oficina de información y turismo a pedir mi credencial del camino. Me miraron como si le hablara en otro idioma, le costo entender que era lo que pretendía hacer y justo en ese momento acepte que no tendría mi credencial hasta llegar al inicio de camino en Roncesvalles. La credencial es como el pasaporte que te acredita como peregrino y te da unos derechos al llegar a los albergues, como precios especiales a la hora de dormir o comer en algunos lugares. Es el lugar donde se van coleccionando los sellos que dan testimonio de por donde pasas y solo tienes la "obligación" de poner dos sellos al día para no perder dichos privilegios. Realmente es importante si quieres obtener la compostelana al llegar a Santiago, pero eso hablaremos más adelante.
Una vez aceptada la realidad que andaría mas de quinientos kilómetros con mi vivencia como único testigo me lance de nuevo al camino. En los primeros metros saliendo del pueblo ya tuve la primera prueba. El camino empezó a llenarse de agua, convirtiéndose en un pequeño rio que me obligaba a saltar de piedra en piedra, alce la mirada y pude ver que mas adelante seria difícil seguir sin meterme dentro del agua por lo menos hasta los tobillos. Aquí llego mi primer aprendizaje, pare y valore la opción de volver atrás y pasar por otro lugar. En mi experiencia del pasado la falta de aceptar este tipo de situaciones me ha llevado a meterme en muchos líos e incluso en situaciones peligrosas. Así que acepte que ese camino no era el correcto volví atrás y busque una mejor opción para seguir adelante. A medida que avanzaba me daba cuenta que fue lo mejor que pude hacer ya que al elevarme un poco mas en el terreno poda ver que ese camino era en realidad un rio con abundante agua.
Como alargué mi desayuno con despedidas lentas el calor empezaba a hacer acto de presencia, tenia intención de avanzar unos veinte kilómetros o algo mas pero la realidad fue que a los quince kilómetros llegue al pueblo de Xert, el calor se hacia insoportable. Decidí parar a comer algo y valorar mis posibilidades. Cerca del pueblo y en la línea de mi camino se encontraba un lugar con agua y sombra donde decidí parar a descansar y pasar la noche. Mejor quince kilómetros y mañana empezar a andar bien pronto para poder evitar el calor. Segunda lección aprendida y en el primer día.
Bien pronto y empezar a andar sin tomar mi apreciado café de la mañana parecía que seria otra de las cosas que tendría que aceptar en algunas de las etapas de este loco camino. El camino empezó a ser difícil, desniveles dignos de las mejores rutas del pirineo. 1,800 m de desnivel para el segundo día de ruta era algo que no entraba en mis planes, sumando el calor que empezaba a notarse a partir de las diez de la mañana se hacia un tarea difícil. Muchas veces pensé que todos esos que me decían que si estaba loco al hacer el camino en esas circunstancias tenían razón. Aunque sacaba fuerzas de mi interior y seguía adelante lleno de ganas e ilusión. El segundo día conecte con la bondad de la gente que me encontraba, deseando ayudar en todo lo posible y esa es la manera natural de ser del ser humano, aunque a veces nos olvidemos un poco. Al llegar al fin de etapa me encontré en un pueblo muy pequeño donde pude comer algo, una vez allí me ayudaron en todo. Tenían un lugar donde colocar la tienda, con agua y servicios. A la mañana siguiente me abrieron la puerta del Hostal para que pudiera tomar el café de la mañana y cargar el teléfono, fuera de horario. El día anterior me dijo la señora: tócame en la ventana que yo estaré preparando los desayunos y así puedes pasar a desayunar algo antes de seguir la marcha.
Los siguientes días fueron momentos llenos de magia debido a la ayuda de las personas que encontraba igual que me paso en Villabona con Ana, encantadora. En algunos lugares con todo el hostal lleno me buscaban algún lugar para dormir o me indicaban donde podía hacerlo ofreciéndome los servicios mínimos para poder ir al baño o pegarme una buena ducha de agua caliente. De este modo subí todo el bajo Aragón pasando por pueblos preciosos. Pasando mucho calor, creo recordar que sufrí como tres olas de calor en aquellos días. Otra cosa que se sumo a las dificultades a la hora de encontrar alojamiento fue el Gran premio de motociclismo de Alcañiz que tenia toda la zona llena de gente para ir a las carreras de motos. En uno de los bares escuche decir que tenían reservadas todas las habitaciones de hoteles, hostales y demás lugares posibles para dormir en cien kilómetros a la redonda. Eso me llevo a poder disfrutar de dormir en Ermitas abandonadas y lugares mágicos, pero dificultaba las opciones de poder darme una ducha al terminar los duros días de ruta y no poder tomar café en la mañana antes de salir a andar que creo que era lo que peor llevaba.
En mi largo camino y con mucho esfuerzo en unos diez días llegue a Belchite, fue el lugar donde mas caro me salió poder dormir, ducharme, cenar y desayunar antes de volver al camino. Pero tan necesario después de atravesar todos aquellos lugares desérticos y tan faltos de servicios. Aunque muy mágicos, que me ayudaron a reconectar con mi ser. Los días en silencio conmigo mismo, andando en esas condiciones en ocasiones tan difíciles me ayudaron mucho a conocerme mucho mejor y conectar con el propósito de esa aventura. Siendo sincero, en ese momento no entendía muy bien porque estaba en esa situación y que me quería decir el universo con ese llamado. Pero algo dentro de mi me decía que tenia que seguir adelante, que tenia algo muy potente que contarme y que el trabajo de los últimos años estaba a punto de darme sus frutos.
Como siempre me gusta pensar Dios aprieta pero no ahoga. Al llegar a Zaragoza conecte con el hermano Balam. Fue como llegar al paraíso, me esperaba en su casa con la comida preparada. Me ofreció una ducha de agua caliente, comida y cama. Sobre todo de lo que disfrutamos fue de nuestras presencias. Nos pusimos al día y descanse un poco. De manera mágica estaba recuperado con tan solo un rato de descanso. Recuerdo que decidimos ir a dar un paseo por Zaragoza, empezó a llover pero estábamos tan sumidos en nuestra conversación que no prestamos intención al aguan que estaba cayéndonos, llegamos al restaurante empapados y fue allí donde me di cuenta que estábamos calados de agua. Con una sonrisa y mucho humor le dije a la camarera: para picar tomaremos unas toallas. Se rio a carcajadas al vernos empapados y nos acompaño a la mesa. Seguimos charlando toda la cena, echaba mucho de menos el hablar con alguien conocido y con Balam fue mágico poder ponernos al día y contarle a alguien todo lo que estaba viviendo procesando a nivel emocional, ya que estaba sintiendo algo muy potente dentro de mi. Seguro era el cambio, como cuando la crisálida rompe el capullo para convertirse en mariposa y echar a volar.
Al día siguiente, los pronósticos de fuertes tormentas me ayudaron a tomar la decisión de parar. Un día de descanso cerca del rio, donde poder nadar, crear algo de artesanía y replantear la aventura. Sonaba muy bien la idea y así fue. El único día que descanse en los sesenta y un día de camino. La noche fue pura magia, en la tienda de campaña bajo la fuerte tormenta, pero caliente dentro de mi saco y feliz sabiendo que desde ese día estaba muy cerca de alcanzar mi primer objetivo, llegar a Roncesvalles y conectar con el camino francés. Así fue, después de ese día de descanso las piernas se volvieron mas fuertes la mochila mas ligera y la cabeza mas clara. Llegar a Pamplona, subir y bajar a Roncesvalles fue super energético.
Acababa de completar la primera etapa de la aventura, Castellón Roncesvalles. quinientos veinticinco kilómetros en veinticinco días. Oficialmente ya soy peregrino, tengo mi credencial y puedo ver muchísimas mas personas que van a caminar la misma ruta que yo. Desde aquí en adelante y después de conectar conmigo mismo podre empezar a conectar con los demás, a compartir el amor y las de ganas de vivir que están dentro de mi.
Este ha sido el primer relato de mi experiencia, mas adelante podrás leer los siguientes. Espero que te haya gustado. Pronto vuelvo a seguir contándote la aventura de andar mil cuatrocientos kilómetros, reconectar con la magia y con el amor.
Con Balam en Zaragoza, cenando después de la charla bajo la lluvia.
Sábado 11 de Octubre 2025 Palma de Mallorca.


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